La ruta del modernismo en Terrassa

El Modernismo, joya y gran legado del arte catalán, no muere en Barcelona. Podemos continuar disfrutando de las obras de este movimiento arquitectónico más allá de los márgenes del Collserola, Besós y Llobregat, extendiéndose por los pueblos y ciudades que forman un patrimonio casi inabarcable.

Dentro de estas ciudades cuna del Modernismo destaca sobremanera Terrassa, una de las capitales, junto con Sabadell, del Vallés Occidental.

Terrassa, con sus más de 200.000 habitantes, fue puntera en este estilo de marcado acento catalán debido a su carácter industrial. Tal como ocurriera en la cercana Barcelona, el hecho de ser un motor económico propulsó que los nobles quisieran invertir en sus casas las ganancias obtenidas imprimiéndolas de notables elementos que los diferenciaras de otras familias burguesas.

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Si hay una de estas familias a las que hacemos referencia en Terrassa, se trata de los Freixa, cuya masía recoge las artes que el genial Gaudí reflejara en las curvilíneas y características formas de sus obras pero esta vez diseñada por el no menos innovador Lluís Muncunill.

“Terrassa tiene en la figura de su arquitecto estrella, Lluís Muncunill, a su propio Gaudí”

Esta masía, que en los inicios estaba destinada a ser una fábrica, acabó por enamorar al todopoderoso de la industria textil: Josep Freixa i Argemí, que contento con los resultados quiso habilitarlo como su residencia.

 

Más allá de una obra testimonial

Y no sólo en la masía Freixa se refleja el pasado modernista de Terrassa, desde el propio Ayuntamiento, construido en una base de estilo neogótico pero siguiendo los patrones que la influencia burguesa exigía, se plaga el casco histórico con obras que compiten con la misma ruta barcelonesa sin nada que envidiarle.

De esta forma nos encontramos con joyas como el Gran Casino del Foment, la Casa Baltasar Gorina, el Hotel Penínsular, la Casa Joan Barata y un largo etcétera que nos hacen imaginar con que la compra de una casa en Terrassa se convierta en legado de la historia catalana como lo fueron las de las familias de a principio del S.XX

Una ciudad para recrearse

Las ciudades-dormitorio tienen el estigma de no cuidar su apariencia y abandonarse a la finalidad de acoger a los trabajadores de la capital, con unas estéticas de VPO que no invitan al paseo por sus calles más allá que para cumplir unos servicios mínimos.

Si a este factor añadimos el de ciudad fabril, el combinado puede ser explosivo dando como resultado una ciudad gris y sin alma.

“Esta ciudad ha sabido como nadie aprovechar el binomio arquitectónico utilidad/belleza”

Lejos de esta realidad, Terrassa se descubre como una ciudad hecha para vivir y para disfrutar de ella. Universitaria y aún motor económico, se le augura un futuro con mayores posibilidades que las de acoger a los que huyen de la asfixiante Barcelona.

El aprovechamiento de espacios: clave de la reconversión

Prueba de ello es que no acaba la ruta del Modernismo en construcciones nobles del Casco Antiguo. Siguiendo por zonas donde antiguamente las chimeneas caldeaban el ambiente encontramos edificios de bella factura y llenos de vida como el Palacio de Industrias, actualmente sede de la Escuela de Ingeniería de Terrassa, el Museo de la Ciencia y de la Técnica de Cataluña, que fuera en su día el flamante Vapor Aymerich, Amat i Jover o la Quadra de la fábrica de Izard, actual Centro Expositivo.

Por todas estas razones Terrassa no es sólo una ciudad que visitar, sino una ciudad que disfrutar. No desaproveches la oportunidad de formar parte de esta joya.

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